ciencia Martes, 3 julio 2018

Esta mujer que murió en el olvido contribuyó a la ciencia sin que lo supiera y nunca había sido reconocida (hasta ahora) 

Aniversario Perú

soy Biólogo, PhD. Hobbies: investigador en usos de las TIC, periodismo de datos, nerd, etc.

Título original: HeLa: un legado inmortal

Escribe Renzo Gutiérrez Loli (@renzogutlol)

Henrietta Lacks a mediados de 1940. The Henrietta Lacks Foundation, via Associated Press.

Henrietta Lacks a mediados de 1940. The Henrietta Lacks Foundation, via Associated Press.

La historia de Henrietta Lacks está llena de paradojas.

Nació en Clover al suroeste de Virginia en Estados Unidos y en vida nunca viajó más allá de Baltimore, Maryland. Pero una parte de ella ha viajado por todo el mundo, incluso fuera de él.

Creció en una granja de tabaco con sus hermanos, donde trabajó y crio a sus hijos. No pudo concluir la secundaria y muchos miembros de su familia nunca accedieron a un seguro de salud. Sin embargo, las contribuciones de Henrietta condujeron una de las revoluciones científicas más grandes de la historia.

Al morir, Henrietta fue enterrada en una tumba sin nombre, sin mayor herencia que la misma pobreza que enfrentó durante sus últimos años. Sin embargo trillones de viales son etiquetados con sus iniciales todos los días en laboratorios, universidades y centros de investigación.

¿Cómo es esto posible? La línea celular HeLa, por sus iniciales, fue desarrollada a partir de una pequeña muestra tomada de su cuerpo. Estás células pueden cultivarse en condiciones específicas en el laboratorio y tienen características que les permiten renovarse una y otra vez. Es el linaje celular humano más antiguo que se conserva y ha servido para el estudio controlado de varias enfermedades.

Actualmente, más de 120 000 artículos científicos se han publicado a partir de experimentos con HeLa y el número seguirá en aumento.

Células HeLa. Berkeley Science Review (2014)

Células HeLa. Berkeley Science Review (2014)

Sin embargo, lo que podrían ser testimonios de una de las contribuciones más valiosas para la humanidad, encierra también las prácticas más oscuras de la investigación biomédica, donde la falta de parámetros éticos y el oscurantismo entre algunos profesionales, condenaron a Henrietta Lacks al más injusto anonimato por varias décadas.

El desarrollo de la línea HeLa que salvaría a millones de personas a través de sus aplicaciones, comenzó irónicamente con el episodio más difícil en la vida de Lacks.

En enero de 1951, Henrietta dejó Virginia por unos días para ir al Hospital John Hopkins de Baltimore, donde unos meses atrás atendió el parto de su quinto hijo. En ese momento ese hospital era la única opción para ciudadanos afroamericanos, como ella, de acceder a atención médica básica. Esta vez la convocaba molestias en su vientre que había tratado de sobrellevar en los meses anteriores con algunas medicinas.

Después de evaluar el caso, se recomendó la toma de una biopsia para la evaluación patológica. Lo que se encontró en su cérvix fue una gran masa blanca que confirmó irrefutablemente la presencia de un cáncer muy agresivo y en estado avanzado.

Sin embargo, lo que debía ser un procedimiento cotidiano y de diagnóstico directo despertó también la curiosidad de los miembros del área de patología por la complejidad del tumor de Lacks. Durante el tratamiento con radioterapia que siguió Henrietta en las semanas siguientes, se tomaron nuevas biopsias de su cuerpo, esta vez sin su consentimiento.

Parte de las biopsias llegó al laboratorio de George Otto Gey, un biólogo celular, quien cultivó las células del tumor y observó un comportamiento particular: a diferencia de la mayoría de cultivos de células cancerosas que morían en cuestión de días, las células de Lacks no solo sobrevivían sino que duplicaban su número en 24 horas. Se había encontrado entonces una línea celular inmortal que podía prosperar y replicarse indefinidamente en el laboratorio.

Algunas semanas después, Gey apareció brevemente en televisión compartiendo el hallazgo: “Ahora quiero mostrarles una botella en la que hemos cultivado grandes cantidades de células tumorales”, dijo mientras sostenía los recipientes con las células de Henrietta. “Es muy posible que a partir de estudios fundamentales en estas células podamos descubrir una forma de eliminar completamente el cáncer”.

Gey nombró a la línea celular como HeLa indicando que provenían de una paciente llamada ‘Helen Lane’. Los motivos que tuvo para ocultar la identidad de Henrietta Lacks son aun motivo de controversia.

Diez meses después de su primera consulta, Henrietta murió.

No hubo mención de ella en ningún programa de televisión, ni en un diario y no hubo ni un solo obituario. Después de su muerte, probablemente se recogieron más células de su cuerpo durante la autopsia. Dentro de los pocos documentos que se conserva sobre la situación final de su enfermedad destaca un pequeño reporte clínico sobre la agresividad de su cáncer y como afectó a otros órganos: “Pareciera que el interior de su cuerpo estuviera recubierto por perlas”.

La toma de muestras sin consentimiento era una práctica normalizada en esa época y si bien los propósitos originales en el desarrollo de HeLa eran puramente científicos, los productos derivados tuvieron un fuerte impacto lucrativo al generar miles de patentes y millones de dólares en ganancias. Ninguno de los familiares de Lacks recibió una compensación o apoyo financiero para lidiar con la pobreza inherente que los acompañó por mucho tiempo más.

Es preciso preguntarse ¿Lacks hubiera estado de acuerdo en ceder sus células para investigación? ¿Y que sean comercializadas? Las respuestas no pudieron venir directamente de ella, pero forzó una profunda discusión entre profesionales de la salud ante el inminente conflicto ético que supuso su historia.

Gracias a ello, en 1990 se implementaron los criterios de la ‘Regla Común’ que garantiza la participación voluntaria de pacientes en investigaciones y exige a los profesionales brindar información sobre riesgos potenciales y otorgar compensaciones.

¿Pero la generación de esta línea celular es verdaderamente la contribución científica más importante de la historia reciente? Basta con revisar uno de los casos emblemáticos de la investigación con células HeLa.

En la década del 50, la misma que compartió Henrietta hasta sus últimos días, el virus del polio asediaba a poblaciones de todas partes del mundo causando diversos cuadros de parálisis. Hacia 1952 las cifras de las afecciones causadas por poliomelitis eran devastadoras: solo en Estados Unidos, de los casi 58 000 casos reportados ese año, más de 3 000 fallecieron y otros 21 000 quedaron afectados por parálisis permanente, siendo niños la mayor parte de las víctimas. Este escenario motivó los esfuerzos de grandes agencias de salud para dar con una cura a esta terrible enfermedad.

Para entonces Jonas Salk, un médico estadounidense, había emprendido algunos años atrás un proyecto para caracterizar el virus del polio y junto con las investigaciones que había llevado a cabo, se dedicó por completo a desarrollar una vacuna durante los años siguientes.

Sin embargo, la prueba de fuego para todos los propósitos de Salk devenía en la necesidad de un modelo para probar la eficacia de las potenciales vacunas. Los modelos animales eran limitados y los cultivos celulares que se manejaban en esa época eran insuficientes para probar el efecto de una vacuna.

Idealmente se requería de células que fueran susceptibles a la infección por el virus del polio pero que ello no las mate. Las células HeLa reunián todas estas características y permitieron evaluar con éxito la utilidad de la vacuna que, en los próximos 60 años y tras mejoras continuas, erradicaría prácticamente la poliomelitis, salvando la vida a millones de personas.

Al igual que para el polio, se descubrieron posteriormente las bases biológicas de enfermedades como el SIDA, leucemia, hemofilia e influenza. Todas a partir de experimentos con HeLa.

Asimismo, las vacunas que actualmente se administran para prevenir infecciones por el virus de papiloma humano, responsable de cáncer cervical en mujeres, fueron desarrolladas en la línea HeLa. En este punto de su historia, pareciera hasta un relato de realismo mágico que parte de la solución para el mal que acabó con la vida de Lacks, descansaba también en sus propias células.

Izquierda, portada de Journal American del 12 de abril de 1955 anunciando el éxito de la vacuna de Salks. Derecha, Jonas Salks sosteniendo frascos de cultivo. John Hopkins University Photo Gallery.

Izquierda, portada de Journal American del 12 de abril de 1955 anunciando el éxito de la vacuna de Salks. Derecha, Jonas Salks sosteniendo frascos de cultivo. John Hopkins University Photo Gallery.

Hace un par de meses, la Galería Nacional del Instituto Smithsonian reivindicó la historia de Henrietta Lacks instalando una exhibición con su retrato en Washington DC. En esta ceremonia, reservada para preservar la memoria de personalidades, participaron los nietos y bisnietos de la familia Lacks.

En la pintura del artista Kadir Nelson que forma parte de la galería, se observa a Henrietta de pie delante de una pared cubierta de hexágonos azules y morados que son una referencia sutil de sus células. Asimismo, un par de botones faltan en su blusa como un recordatorio de las biopsias que se tomaron de su cuerpo sin consultarle.

“The Mother of Modern Medicine” by Kadir Nelson, óleo sobre lienzo (2017).Collection of the Smithsonian National Portrait Gallery and National Museum of African American History and Culture.

“The Mother of Modern Medicine” by Kadir Nelson, óleo sobre lienzo (2017).Collection of the Smithsonian National Portrait Gallery and National Museum of African American History and Culture.

Clover y Baltimore están separadas por poco más de 400 kilómetros. Gracias al pequeño viaje que realizó Henrietta Lacks, la ciencia emprendió un viaje propio que no parece terminar pronto. Ninguna persona ha hecho más por la ciencia y la línea HeLa es un legado inmortal (literalmente) que será protagonista de más descubrimientos en beneficio de la humanidad.

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