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Uno de los neurólogos más famosos del mundo está muriendo. Esto es lo que tiene que decir al respecto.

Diego Pereira

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Un hombre que se va. Foto: pepsiesi

Un hombre que se va. Foto: pepsiesi

Oliver Sacks tiene 81 años y una gran cantidad de publicaciones sobre las experiencias que ha tenido con muchos de sus pacientes a lo largo de su carrera. Probablemente no lo sabías, pero esta película está basada en uno de esos libros:

‘Despertares’ es una novela autobiográfica que detalla sus esfuerzos por ayudar a las víctimas de encefalitis letárgica a recuperar sus funciones neurológicas, gracias al descubrimiento de una nueva droga: L-dopa.

Sacks incluso inspiró una genial parodia interpretada por Bill Murray en la película de Wes Anderson ‘The Royal Tenenbaums’:

Y aquí viene la parte triste: Oliver Sacks ha sido diagnosticado con cáncer terminal. Esto es lo que él mismo escribió al respecto en The New York Times:

*HACE UN MES sentí que tenía buena salud, incluso robusta. A los 81 años todavía nado una milla diaria. Pero mi suerte se ha terminado -hace unas semanas supe que tengo múltiples metástasis en el hígado. Hace nueve años se descubrió que tenía un extraño tumor en el ojo, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el láser para retirar el tumor me dejaron ciego en ese ojo, solo en muy raras ocasiones esos tumores hacen metástasis. Yo estoy dentro de ese 2 por ciento sin suerte.

Me siento agradecido por los nueve años de buena salud y productividad que se me han otorgado desde mi diagnóstico original, pero ahora estoy cara a cara con la muerte. El cáncer ocupa un tercio de mi hígado y aunque pueda frenarse su avance, este cáncer en particular no puede ser detenido.

Ahora depende de mi escoger cómo vivir los últimos meses que me quedan. Debo vivir de la manera más rica, profunda y productiva. Me alientan las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, quien, sabiendo que estaba mortalmente enfermo a los 65 años, escribió una pequeña autobiografía en un solo día de abril, 1776. Lo título “Mi propia vida”.

“Ahora cuento con una disolución rápida”, escribió. “He sufrido muy poco dolor por parte de mi desorden; y lo que es más raro, en ningún momento -a pesar del gran deterioro de mi persona- he sufrido un solo momento de abatimiento del espíritu. Poseo el mismo ardor que siempre en todo estudio, la misma felicidad en la compañía”.

He tenido suerte de vivir más allá de los 80 y los 15 años asignados a mí, más allá de las 3 veintenas y 5 años de Hume, han sido igualmente fructíferas en el trabajo y el amor. En ese tiempo he publicado 5 libros y terminado una autobiografía (un poco más larga que las pocas páginas de Hume) que será publicada estaba primavera; tengo varios otros libros casi terminados.

Hume continúa, “Soy… un hombre de disposiciones leves, con control sobre mi temperamento, de un humor abierto, social y alegre, soy capaz de hacer compromisos, tengo poca susceptibilidad a hacer enemigos y tengo gran moderación sobre mis pasiones”.

Aquí es donde me alejo de Hume. Si bien he disfrutado de relaciones de amor y amistad y no he tenido reales enemigos, no puedo decir (y nadie que me conozca podrán contradecirlo) que soy un hombre de disposiciones leves. Por el contrario, soy un hombre con una disposición vehemente, con entusiasmo violento y extrema desmesura en mis pasiones.

Y sin embargo, hay una frase del ensayo de Hume que tiene una verdad especial: “Es difícil”, escribió, “estar más desapegado de la vida de lo que estoy en este momento”.

En los últimos días he podido ver mi vida desde una gran altura, como si se tratara de un paisaje, y he sentido una profunda conexión con todas sus partes. Esto no significa que he terminado con mi vida.

Por el contrario, me siento intensamente vivo y quiero y espero que en el tiempo que queda profundice mis amistades, le diga adiós a quienes amo, escriba más, viajar si tengo la fuera, alcanzar nuevos niveles de entendimiento y visión interna.

Siento un repentino esclarecimiento de enfoque y perspectiva. No hay tiempo para cosas no esenciales. Debo enfocarme en mí mismo, en mi trabajo y en mis amigos. Ya no veré “NewsHour” todas las noches. Ya no le prestaré atención a la política o a los argumentos sobre el cambio climático.

Esto no es indiferencia, sino desapego. Me importan mucho el medio oriente, el calentamiento global, la desigualdad que crece, pero estas son cosas que ya no tienen que ver conmigo; le pertenecen al futuro. Me alegro cuando conozco a personas jóvenes y capaces, incluso a quienes hicieron la biopsia y diagnosticaron mi metástasis. Siento que el futuro está en buenas manos.

He sido cada vez más consciente, durante los últimos diez años, de la muerte en mis contemporáneos. Mi generación está de salid y cada muerte se ha sentido como una abrupta ruptura de una parte de mí. No habrá nadie como nosotros cuando nos hayamos ido, pero nunca nadie se parece a nadie, jamás. Cuando las personas mueren no pueden ser reemplazadas. Dejan agujeros que no pueden ser llenados, pues es el destino de todos los seres humanos -el destino genético y neural- ser individuos únicos, encontrar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.

Por sobre todas las cosas he sido un ser sensible, un animal pensante, en este hermoso planeta y eso ha sido en sí mismo un enorme privilegio y aventura.

[*traducción propia]

Diego Pereira

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