ciencia Martes, 28 octubre 2014

Un descubrimiento en Perú está cambiando las teorías sobre la adaptación del hombre en la Era de Hielo

Incluso en lugares con bajo oxígeno, alta radiación solar y temperaturas extremadamente bajas es posible encontrar humanos viviendo. Somos una especie bastante necia que se adapta como puede (parte de la maravilla de habitar este planeta).

Los peruanos somos especialistas de la altura. Foto: WikiCommons

Los peruanos somos especialistas de la altura. Foto: WikiCommons

Sin embargo sobre esta adaptación no se sabe mucho. La mayoría de teorías señalan que se necesitaron varios cientos de años para que los humanos fueran genéticamente capaces de vivir en estas condiciones.

Por lo menos eso era lo que se creía hasta que se encontraron cientos de artefactos de piedra del pleistoceno, 900 metros más arriba del sitio arqueológico más alto localizado hasta la fecha.

¿Dónde? En Cuncaicha (Puno). Este es el artículo, publicado nada menos que en la revista Science, que tienes que leer para saber más. Nosotros te lo resumimos:

 

Viviendo en alturas extremas 1000 años antes de lo pensado

Los auquénidos son grandes compañeros de altura. Foto: IFL Science

Los auquénidos son grandes compañeros de altura. Foto: Kurt Radmaker

¿Por qué es tan complicado pensar que se podía vivir en altura en los comienzos de la humanidad?, te preguntarás. Partiendo del principio que la adaptación toma tiempo y no habiendo tenido evidencia de lo contrario, siempre se asumió que a las personas les demoró trepar tanto para poder vivir: 

 Las cuencas y cordilleras a gran altura de los Andes de Sudamérica, los Himalayas de Asia y la meseta etíope de África eran las fronteras para el asentamiento humano. A más de 2500 metros, los humanos tienen riesgo de morir por hipoxia (falta de oxígeno), exposición a temperaturas muy bajas, alta radición solar y otros peligros.  Sobre los 4000 mil metros en los andes, los paleoamericanos -los primeros humanos en cruzar de Asia hacia América- habrían vivido muy por encima del crecimiento de árboles, haciendo que sea difícil conseguir madera para fuego o plantas para comer. Por este motivo, los investigadores pensaron que estos retos previnieron que las personas puedan vivir a grandes alturas, incluso durante breves temporadas, hasta hace unos 10,000 o 11,5000 años atrás en Sudamérica.

Según señala la investigación liderada por Kurt Rademaker, el sitio arqueológico que confirmaba esto se encuentra en el Tibet, a una elevación de 3300 – 3500 metros y la evidencia data de hace 15 000 años atrás (aunque no se sabe si vivían ahí o si vacacionaban de vez en cuando).

 

Una vida con poco aire

Aquí se descubrió todo, refugio de piedra en Cucaincha. Foto: Kurt Rademaker

Aquí se descubrió todo, refugio de piedra en Cuncaicha. Foto: Kurt Rademaker

En el 2009, el arqueólogo Kurt Rademaker y el geólogo Gordon Bromley, encontraron puntas de flechas a 4355 metros sobre el nivel del mar. Ese fue el descubrimiento que fomentó más investigación y el que finalmente les permitió llegar a la conclusión de que la vida en altura ocurrió hace mucho tiempo atrás.

En el refugio de piedra de Cuncaicha el equipo descubrió arte en roca y rastros de hogueras en los techos. También restos de tubérculos, traídos desde una altura menor, y huesos de vicuñas y guanacos. Al parecer, según las conclusiones de la investigación, se trataba de un oasis para la caza especializada.

¿Y por qué este es un descubrimiento tan paja?

[Este descubrimiento] también sugiere que los paleoamericanos arriesgaban su vida a grandes alturas incluso antes que las mutaciones genéticas -que les ayudaban a sobrevivir mejor con bajo oxígeno- llegaran a las personas de las tierras altas, dice Rademaker. En la antropóloga biológica Cynthia Beall de la Universidad Case Western Reserve (Cleveland, Ohio), que estudia la evolución de las adaptaciones de las personas de las tierras altas del Tibet, está de acuerdo. “Es fascinante pensar en personas que usaban las montañas tan pronto después de la ocupación de Monte Verde”, dice Beall, quien dice que el trabajo presenta “un experimento natural” para probar hipótesis sobre cuánto le toma a una población adaptarse genéticamente a la altura. También demuestra que, mientras el clima se volvía más cálido, los humanos se movieron hacia otras fronteras. (…)

Como dice el arqueólogo Michael Waters de la Universidad de Texas A&M : “es una fantástica historia de cómo las personas se adaptan al final la última era de hielo”. Y esa fantástica historia ocurrió aquí.

Puedes leer el artículo original (en inglés) aquí.